Cuando pides un triste cucurucho aunque en
secreto te siga apeteciendo un drácula es cuando te das cuenta que
crecer es una pose, una trampa mortal destinada a borrar cualquier
rastro de lo que en esencia fuimos.
Nadie muere a bordo de un coche de juguete, nadie muere abatido por pistolas de agua, nadie muere fingiendo fumar cigarrillos de chocolate, nadie muere adicto al refresco de naranja, ni por sobredosis de granizado de limón, pero los coches matan, las balas matan, el tabaco mata, el alcohol mata y las pastillas matan. Así que crecer, tal vez, no sea más que una postura peligrosa y que los años, en verdad, nos hagan más cínicos y tontos, y ansiemos los mismos juguetes pero más letales.
Somos niños disfrazados hasta el día en que olvidamos para siempre que llevamos un disfraz.
Nadie muere a bordo de un coche de juguete, nadie muere abatido por pistolas de agua, nadie muere fingiendo fumar cigarrillos de chocolate, nadie muere adicto al refresco de naranja, ni por sobredosis de granizado de limón, pero los coches matan, las balas matan, el tabaco mata, el alcohol mata y las pastillas matan. Así que crecer, tal vez, no sea más que una postura peligrosa y que los años, en verdad, nos hagan más cínicos y tontos, y ansiemos los mismos juguetes pero más letales.
Somos niños disfrazados hasta el día en que olvidamos para siempre que llevamos un disfraz.
