viernes, 13 de septiembre de 2013


Tú lo ignoras pero ahí, en ese parque me emborraché por primera vez, ahí traté de saciar mi sed de vida con cerveza, ahí aprendí que el ¿Vamos? excita, pero también mancha, ese parque para mí es espuma y huele a tinte. Yo no sé qué será para tí, tal vez muchas cosas o tal vez nada, algunos lugares son mil recuerdos diluidos, tantos y tan mezclados que al pasar junto a ellos no sientes nada, lugares que cambian del bienvenido al no vuelvas.
Y tú podrás evitar ciertas calles que duelen, podrás cambiar tú ruta del trabajo a casa o podrás buscar adrede el callejón de tú primer beso, sin mirar atrás porque lo tienes delante. Lo mío es diferente. tú azar me obliga a convivir con mis recuerdos.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Quisiera saber de ti más allá de esa minifalda, acariciar esas piernas bronceadas y escuchar esa fricción de tus muslos mientras caminas con esa camiseta a rayas, insinuante, que delimita en tú espalda con unos omóplatos que son proyectos de alitas de ángel, con esa melenita rubia, ladeada, que parece un telón abierto para enseñar tú cuello, sólo apto para ser besado o tal vez tocado con la punta de mis yemas.
No quiero saber qué esconde ese escote; sólo imaginar que poso mi cabeza en el y que lo observo de cerca durante horas, días, meses, lustros, y maldecir mi estampa por no saber pintar ese preciso (o precioso) contorno como lo haría un pintor de renombre. No quiero saber si escondes cicatrices en tú alma porque el simple hecho de imaginar que hay un cosmos oculto en lo que veo ya me estremece y me da esa ansiedad que demuestra que esta vida merece 

la pena vivirla.
No hay nada de malo en esto, es más, creo que te halagaría saber lo mucho que me alegras la vida, los ojos y el recuerdo, sobre todo el recuerdo. Al menos mientras dure.

martes, 3 de septiembre de 2013

Lucía, la nueva joya de la familia.

LLevo nueve meses esperando este día para regalarte algo hermoso… pero pensando, pensando y pensando he llegado a las siguientes conclusiones:
Una prenda de vestir… no, porque durante tú gestación se te han ido comprando muchísimas cosas, además, viniendo de mi, no sería muy original.
Un peluche… tampoco, seguro que ya tienes la casa inundada de ellos, y dicho sea de paso, tampoco sería muy original.
Mmm, un CD de cuentos… eso sería fabuloso, pero todavía no entenderías nada.
Así que he decidido escribirte algo, es este mensaje escrito con pedacitos de mi corazón en un intento de convertir un sentimiento profundo de amor en pequeñas letras negras alineadas de tal forma que a través de tus ojitos alcancen a filtrarse hasta tú corazón....
Nos conocimos como se conocen dos siameses: yo tiré de mi lado del cordón que sobresalía de mi corazón y ella tiró del suyo. Fue en el mes de Octubre de hace mil otoños, y pronto decidimos jugar, ella a la sirena varada en el mar de la calma (y yo a capitán de un corazón pirata). Nos dimos cariño y nos lo bebimos con los ojos y de tapa, besos y el asombro de habernos topado con el resto de nuestra vida.
Al instante comprendí que ella, todo ella, era yo y viceversa; la misma cara de mi misma moneda; los dos ases restantes de un poker ganador pero sin mangas, sin truco, sin rival, y después del primer día llegó la tierra firme del segundo, una paz indescriptible, nos aprendimos como dos espejos, como dos gotas de agua, y pasaron mil veranos y ahora todo continúa más septiembre que nunca, y ahora que ya no está conmigo, sufro jet lag y me siento como un turista solitario en la cola de un museo. Y mi piel, sin su tacto, solo es piel muerta.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ayer regresaron mis vecinos de sus vacaciones, él arrastrando una enorme maleta (en cuyo vientre llevaría la ropa apelotonada, las chanclas, los botes de after shave, de champú y un par de toallas aún con trazas de arena de playa como posos de recuerdos ya cadáver). Ella, por su parte, sólo llevaba un pequeño bolso (TOUS) falso y un paquete de ensaimadas atado con un cordel. Cincuenta y pocos años ambos, hicieron el camino de regreso, guardando una distancia aséptica parecida a un muro, o a ese cristal que separa al visitante del reo (no sabría deciros cuál sería el reo; tal vez los dos) y viajaron en silencio, cada uno en su asiento, mirando el paisaje o el movil o las uñas, pero nunca el uno al otro, y víctima de ese silencio quizá a alguno de ellos le diera por pensar en la pactada derrota de un amor envasado al vacío, sin fecha de caducidad pero insípido; como quien decide dejarse arrastrar por la marea del otro, o poner la mano en el fuego del otro sin miedo a quemarse porque ya estan los dos quemados. Y después de unas vacaciones monótonas y sin novedades, seguirán juntos, como siempre, como un pack de leche 2×1 del supermercado, pero esos silencios serán cada vez más largos, sólo interrumpidos por anécdotas del día a día, buscando en cualquier caso el bucle eterno, la rutina, un bostezo disimulado, la anestesia consentida. Pero lo más curioso del asunto es que, estoy seguro, de que si me atreviera a preguntarles si se quieren, si son felices, me dirían al unísono que sí, que por supuesto, que no conciben otra vida distinta a ésta. Y lo más jodido de todo esto, es que no mentirían.

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...