sábado, 30 de noviembre de 2013


Abro la llave de la ducha, es importante buscar la temperatura exacta, la presión exacta, el monótono sonido de las gotas, es importante sentir hormigas bailando claqué sobre mi cabeza y las gotas jugando a arrastrar mi culpa a lo largo de mi mismo cuerpo, de la cabeza a las plantas de los pies, pasando por los labios, las amígdalas, la tráquea, el embalse de mi ombligo, los muslos 
y los tobillos.
Bajo la vista, el agua que engulle el desagüe parece igual de limpia y cristalina, casi había olvidado que la culpa no destiñe, la culpa es incolora, inodora y amarga.

Nunca me perdonaré el haberte perdido.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Le das cuerda al reloj pensando que el tiempo lo cambia todo: Asienta cabezas, frena las ansias, cierra los bares. Si lo quisieras mañana, mañana sería siempre, pero siempre es la muerte en vida, y la vida son dos días, con sus noches. Quizá por eso buscas esa aguja capaz de explotar mi burbuja sin hacer ruido, mi burbuja con vistas, (según el día) Reforzada, en cualquier caso, a la altura del corazón por si me tienta el parasiempre. Chaleco antibalas contra un cupido disfrazado de desidia. Ojalá la ciencia consiga clonar a Cupido. Imposible decir tanto en tan poco espacio.

domingo, 24 de noviembre de 2013



Con el invento del teléfono, Graham Bell inventó la tentación de poder tenerte aquí y ahora cada vez que el instinto lo nubla todo, en cualquier momento, en cualquier situación. Agarro el móvil, acaricio el teclado. El 1 y el 3 son tus ojos. El 4 y el 6, tus pezones. Acerco el 8 a mi boca: lo beso y levanto con la uña el asterisco de tú zapato izquierdo, mientras mantengo intacta la almohadilla por si nos da por usarla, empiezo a marcar tú secuencia pulsando tú pezón derecho, luego tú frente y otra vez tú pezón derecho, 6, 2, 6,… pero mis dedos no saben guardar un secreto y al final, siempre acaban pulsando el 0..

sábado, 23 de noviembre de 2013

No me cabe la menor duda de que las arrugas en el rostro de un anciano no son más que costuras en el reverso de su alma, quizá por eso, cuando veo reflejado el brillo de la esperanza en la mirada perdida de alguno, no puedo evitar pensar que es la viva imagen del abismo que me queda por vivir: La experiencia, el olvido, la estampa del amor desmesurado, ese dolor solo mitigado por la anestesia de la resignación, esa tierna mirada de quien se encuentra de vuelta de todo, o ese último intento por dejar su mundo (que es su familia), atado y bien atado con la cordura de saber que posiblemente detrás del próximo GAME OVER, ya no habrá un INSERT COIN. Por eso es importante para mi no olvidar "Jamás", que detrás de ese anciano, dentro de cualquier anciano, una vez, hubo un niño. Hay un dicho que dice que los niños y los borrachos nunca mienten, pero pensándolo friamente puede que eso se deba a que no son conscientes del paso del tiempo, quizá por eso pasen por encima de él con la misma frialdad que un sicario pasa por encima de un cadáver.

viernes, 22 de noviembre de 2013


Algunas personas aprovechan cualquier situación para desahogarse y saltan de los típicos temas livianos (normalmente el tiempo) a otros más personales y de ahí, hasta llevar la conversación a su propio terreno. Un ejemplo: - Por fin salió el sol, con lo que le gustaba el calor a mi pobre Mariano, que en paz descanse… – me dijo el otro día una vecina de avanzada edad en el ascensor. Así, sin más, de este mismo modo cualquier tema puede llevarse de lo genérico a lo personal para ahondar después en ello tanto como dure el momento. Si la señora del ejemplo asocia el sol de aquel día con su difunto Mariano (si hiciese frío lo asociaría igua) lo hace porque en ese preciso instante necesita hablar de él, de lo sola que se siente, valiéndose de la oportunidad del momento.
Esto me hace creer en el peso relativo de las palabras, de hecho algunas palabras pesan mucho más que otras, y pudiera ser que las palabras que más te pesan a ti puede que no le pesen nada al resto. Por ejemplo, la palabra “soledad” para aquella señora, seguramente pesaba mucho más que un muerto, mientras que para mí, apenas me supusieron un par de gramos.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Tienes sueño pero no quieres dormir, no te puedes dormir ¡Ahora no!. Me lo dicen tus párpados, tus párpados luchando en contra de su propia voluntad…unos párpados que ahora pesan mucho más que tú…mucho más que el mundo que los rodea…como si las pestañas que los adornan fueran de plomo…o polos opuestos a las pestañitas de abajo, y te debates entre dos mundos, en esa estrecha línea que te hace ser sin estar. Ahora intentas espabilarte, y pones la radio para que sea ella quien te mantenga alerta, me hace gracia verte despertar a intervalos pequeños y reaccionar así, disimulando que nunca llegaste a dormirte, como si no quisieras que nadie te viera dormir aunque sepas que nadie te está mirando, ni siquiera yo, que te miro sin que tú sepas que te miro. Pero el sueño vence al fin, sin remedio, te duermes y entonces te veo tan plácida que me contagias, ahora yo también tengo ganas de dormir, o al menos de soñar lo mismo que tú. Así que me acoplo a tú lado, cierro los ojos y convierto mis manos extendidas en almohada, como rezándome la mejilla derecha y me duermo a la de tres...Nota: Este relató jamás sucedió, lo soñó ella, yo sólo me metí en su sueño para transcribirlo.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Me gusta leer por las mañanas y de vez en cuando escribir alguna que otra chorrada en las noches de insomnio. Lo hago porque no me puedo creer que la vida sólo consista en eso: en "PASAR" las mañanas, las tardes y las noches, comida, desayuno y cena, inviernos y veranos insultando a Montoro. Lo hago porque estoy seguro de que hay algo mucho más profundo detrás de todo eso. Detrás del edredón de tu cama, detrás de tu propio páncreas. (Pasión por lo inmaterial) me gusta llamarlo. Busco palabras en el fondo de mi alma para no parecerme a todos esos gilipollas con masters en administración y dirección de empresas, economistas que no aciertan una pero se lo llevan muerto, los que invierten ingentes cantidades de dinero en productos tóxicos, los que sólo se dedican a mover el dinero para convertirlo en más dinero sin importarles cómo, ni a cambio de cuántos despidos o de cuántas reducciones del sueldo de otros, los que aumentan sus beneficios a base de abrir con forceps la brecha salarial, los que menosprecian al que fabrica los productos que ellos venden aun sin saber lo que venden. Hay que aprender a sentir desprecio por esos cortes de pelo de cien euros, esos Rolex de oro y esas corbatas de seda. Por eso me fijo en ellos, para hacer todo lo contrario, por eso estoy escribiendo esto, para no ser nunca ni querer ser nunca como ellos y porque mientras lo hago, trato de crecer por dentro. Por cierto: Ser HONRADO, CRECER como persona y COMPARTIR. Tres palabras en desuso.

martes, 12 de noviembre de 2013

Créeme, lo he intentado y no puedo, tus silencios me producen ansiedad, y también que me mires a los labios cuando te hablo, y que luego tú me hables y yo te mire a los ojos y después tú a mí, y yo a ti, como jugando los dos al tenis, y pensar en el futuro, pensar que mi futuro será la mitad del tuyo, pensar en caricias con vistas al interior de tu mundo, y esas noches de insomnio cuando mi cabeza se convierte en una hoja de Excel con su celda del Debe, con su Haber de dónde lo saco, con su Saldo negativo y su mañana dios dirá, y los versos que me quedan por escribirte, y esos cientos de relatos pendientes de inventarme para por ejemplo, viajar contigo a Detroit y besarte sin lengua en una fábrica de automóviles vacía.
Todo eso me produce ansiedad,
y cuando tengo ansiedad, fumo.

lunes, 11 de noviembre de 2013


Escocía la herida
de la fría puñalada
que todo lo rompió,
Decirle que la amaba
fue su primer error,
un cheque al portador
que en su cuenta restaba,
un falso recibo
que no tenía cabida
entre dos que se amaban.
Emotiva carta de despedida de Joaquín Sabina a Chavela Vargas.

QUIEN PUDIERA REIR COMO LLORA ELLA.

Andaba dibujando en un cuadernito, una costumbre que recién adquirí, cuando vi por la televisión, encendida sin sonido, la imagen de Chavela. Di voz al aparato. Se nos fue, escuché. Y me cogió un llanto irreparable. Lo que nunca me había sucedido. Siempre me culpé por no ser capaz de llorar con la muerte de mis padres, pero esta vez me venció el desconsuelo. Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida.
Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí. Fue una noche de hace unos veinte años, en Madrid, en la sala Morasol. Dijo: “Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos”. Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase. Ya se había recuperado de su alcoholismo. Calculaba que había bebido algo así como 1,8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: “Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo”. Al conocer la triste noticia, que todos veníamos anticipando, he sentido la necesidad de bajar al bar a tomar uno a su salud, aunque el brebaje sin ella siempre será de los malos.
Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. “La admiro desde niño”, le dije. “Yo también le admiro mucho a usted”, contestó. Ante la mentira, exclamé. “Vete a la mierda”. Nos fundimos en un largo abrazo que nunca aflojamos hasta ayer mismo, incluso aunque no pudiéramos vernos en su última visita a España, un viaje que quizá no debió hacer, pues no estaba en condiciones. Entonces, yo estaba de gira y a ella la ingresaron en un hospital.
Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios nunca vistos en la música popular desde la muerte de Roberto Goyeneche. Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la primera al tiempo que ganaba lo segundo. Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender. En estos momentos de pérdida me digo, como en la canción: ¡Quién pudiera reír como llora Chavela! Y recuerdo estas palabras de Almodóvar: “Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella”.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Casi había olvidado que fue gracias a los libros que descubrí, por ejemplo, la composición celular de tú corazón, o porqué tus protones son los más suaves a este lado del Universo, o el por qué de esa misteriosa atracción de ciertas partes de mi cuerpo por los agujeros negros.
Sólo después de descubrirte entera comencé a disfrutar de tu sonrisa con el asombro de un androide, verte reir era surcar la Vía Lactea, y tú boca, el campo base, y detrás de cada beso, otra nueva galaxia más allá de Orión.
Una tela de araña en la esquina superior derecha del techo, aunque apenas es un hilillo. ¿Seguirá la araña ahí? No la veo. ¿Las arañas duermen? ¿Dónde está el mando? A ver qué echan. Pitonisa, pitonisa, pitoniso, pitonisa, Jes Extender, pitonisa, aparato de gimnasia pasiva, telediario, el mismo que echaron hace media hora, las mismas imágenes, las mismas noticias, ahora viene lo de los imputados por la CAM. ¡Bingo! Pitonisa, pitonisa, emisión en pruebas, vídeos musicales, vídeos no, que me despejo, mejor será apagar la tele. Silencio.
Que no se me olvide mañana llamar a mi amigo Antoñito que cumple años, dos más que yo, ¿Dos o tres? Bah, no pienses, cierra los ojos y no pienses en nada, cambia de postura, cierra los ojos y no pienses en nada.,,,y tengo que sellar el paro, cállate, silencio, silencio, silencio, mañana me pasaré por la ETT. ¡que te calles! piensa en algo que te relaje, el desierto, si, el desierto está bien, tumbado en una duna, pero hace calor en la duna y además, podrían venir escorpiones.
Cambio de postura, de lado ahora, no, mejor del otro lado, con la almohada entre las piernas. Las cuatro y once de la madrugada, ¡no lo pienses! Las cuatro y doce, no tengo ganas de dormir, no lo entiendo. ¿Por qué el insomnio? Es este colchón, caro de cojones, pero no me acostumbro, aunque en este mismo colchón ya he dormido mil veces y del tirón, sin problema, no es el colchón, ¿Y si me voy al sofá, me enciendo un cigarro y cuando acabe vuelvo e intento dormir? ¿Por qué el insomnio?

martes, 5 de noviembre de 2013

Matar 2 Pájaros de un trío...


Hace seis o siete años me llamó una vieja amiga para contarme que mi exnovia se había suicidado. Según me dijo, saltó por la ventana de un séptimo piso y después, en fin, nadie pudo hacer nada por salvar su vida. Hacía mucho que no sabía de ella, perdí su pista nada más romper con ella, pero aquella noticia cayó en mí como un jarro de agua fría. No pude evitar recordar, por ejemplo, todas esas tardes que pasamos en su cuarto de aquel séptimo piso escuchando música, la única estancia, por cierto, con ventana a la calle. Recordé también que tenía la cama pegada a la ventana y a veces, cuando alguno de los dos soltaba un chiste malo, amagaba el otro con saltar al vacío y jugábamos al drama, al heroico rescate en el último momento y después a las cosquillas y a los besos.
Tardé mucho en asimilar aquello. De hecho, llevaba un tiempo sin acordarme de ella hasta que ayer me la encontré caminando. Imaginaos el shock. En un principio pensé que se trataba de una mujer muy parecida a ella, pero luego ella cruzó justo delante de mí, y de súbito reconocí su inequívoca sonrisa (un reguero de notas musicales que nacía detrás de su oreja izquierda y seguía por el hombro hasta morir en su escote).
Ahí toqué toqué su hombro, se giró y me reconoció en seguida.
-¡Juan!, ¡qué sorpresa!
-¿No estabas… muerta? -me salió decir.
-¿Muerta? ¡Vaya! Ya veo que sigues 
con tú adicción a las bromas.
-No, no. Me refiero a que… Hace unos años me llamó Paula, ¿te acuerdas de Paula? Y me dijo que te habías suicidado.
-¿Paula? ¿La misma Paula a la que destrozaste el corazón? ¿La Paula que me odiaba a muerte?
-¿Perdón?
-La pobre Paula siempre estuvo enamorada de ti y lo sabes, supongo que con esa llamada sólo pretendía matar dos pájaros de un tiro.
-En fin, que me alegro mucho de verte, ya sabes… viva. ¿Sigues conservando el mismo número? 
¿Te llamo y hablamos?
-No, Juan. Vale que Paula me matara de mentira, 
pero yo hace mucho tiempo te maté de verdad.
Y se marchó para siempre. Otra vez.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Abres el grifo de la ducha, es importante buscar la temperatura exacta, la presión exacta, el monótono sonido de las gotas, es importante sentir hormigas bailando claqué sobre tú cráneo, tú cuerpo erguido, inmóvil, y las gotas jugando a arrastrar tú culpa a lo largo de tú mismo cuerpo, de la cabeza a las plantas de los pies, pasando por los labios, las amígdalas, la tráquea, los pechos y el embalse de tú ombligo. Bajas la vista y el agua que engulle el desagüe parece igual de limpia, cristalina, porque sabes que la culpa no destiñe, la culpa es incolora, inodora y amarga. Por eso hoy prefieres el agua más fría, hoy prefieres castigarte y sentirte más viva, terapia de shock lo llamas, fuerzas el frío a sabiendas de que nunca llueve a gusto de todos.

No hay mejor forma de blindarse que buscando universos paralelos en cualquier esquina, o inventando vidas más allá de tú propia vida sin más arma que tus cinco sentidos.

Cómete
el mundo
sin pan
pero conmigo.
¿Te imaginas un mar sin olas? ¿Te imaginas una lengua sin saliva? ¿Te imaginas un ciego en el reino de los tuertos? ¿Te imaginas un peluquero mudo? ¿Te imaginas una rueda triangular? ¿Te imaginas un azar sin dados? ¿Te imaginas un peluche con el Síndrome de Estocolmo? ¿Te imaginas un esguince en el alma? ¿Te imaginas una lluvia que no moje? ¿Te imaginas un puzzle de cero piezas? Pues si eres capaz de imaginar todo eso, imagina como es eso de escribir versos de amor a una luna llenita de cráteres que jamás llegaré a tocar por culpa de una puta orden de alejamiento que me ha impuesto el Juez de la Razón.

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...