¿Te imaginas un mar sin olas? ¿Te imaginas una
lengua sin saliva? ¿Te imaginas un ciego en el reino de los tuertos?
¿Te imaginas un peluquero mudo? ¿Te imaginas una rueda triangular? ¿Te
imaginas un azar sin dados? ¿Te imaginas un peluche con
el Síndrome de Estocolmo? ¿Te imaginas un esguince en el alma? ¿Te
imaginas una lluvia que no moje? ¿Te imaginas un puzzle de cero piezas?
Pues si eres capaz de imaginar todo eso, imagina como es eso de escribir
versos de amor a una luna llenita de cráteres que jamás llegaré a tocar
por culpa de una puta orden de alejamiento que me ha impuesto el Juez
de la Razón.

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