No me cabe la menor duda de que las arrugas en
el rostro de un anciano no son más que costuras en el reverso de su
alma, quizá por eso, cuando veo reflejado el brillo de la esperanza en
la mirada perdida de alguno, no puedo evitar pensar que
es la viva imagen del abismo que me queda por vivir: La experiencia, el
olvido, la estampa del amor desmesurado, ese dolor solo mitigado por la
anestesia de la resignación, esa tierna mirada de quien se encuentra de
vuelta de todo, o ese último intento por dejar su mundo (que es su
familia), atado y bien atado con la cordura de saber que posiblemente
detrás del próximo GAME OVER, ya no habrá un INSERT COIN. Por eso es
importante para mi no olvidar "Jamás", que detrás de ese anciano, dentro
de cualquier anciano, una vez, hubo un niño. Hay un dicho que dice que
los niños y los borrachos nunca mienten, pero pensándolo friamente puede
que eso se deba a que no son conscientes del paso del tiempo, quizá por
eso pasen por encima de él con la misma frialdad que un sicario pasa
por encima de un cadáver.

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