sábado, 23 de noviembre de 2013

No me cabe la menor duda de que las arrugas en el rostro de un anciano no son más que costuras en el reverso de su alma, quizá por eso, cuando veo reflejado el brillo de la esperanza en la mirada perdida de alguno, no puedo evitar pensar que es la viva imagen del abismo que me queda por vivir: La experiencia, el olvido, la estampa del amor desmesurado, ese dolor solo mitigado por la anestesia de la resignación, esa tierna mirada de quien se encuentra de vuelta de todo, o ese último intento por dejar su mundo (que es su familia), atado y bien atado con la cordura de saber que posiblemente detrás del próximo GAME OVER, ya no habrá un INSERT COIN. Por eso es importante para mi no olvidar "Jamás", que detrás de ese anciano, dentro de cualquier anciano, una vez, hubo un niño. Hay un dicho que dice que los niños y los borrachos nunca mienten, pero pensándolo friamente puede que eso se deba a que no son conscientes del paso del tiempo, quizá por eso pasen por encima de él con la misma frialdad que un sicario pasa por encima de un cadáver.

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