domingo, 3 de noviembre de 2013

Abres el grifo de la ducha, es importante buscar la temperatura exacta, la presión exacta, el monótono sonido de las gotas, es importante sentir hormigas bailando claqué sobre tú cráneo, tú cuerpo erguido, inmóvil, y las gotas jugando a arrastrar tú culpa a lo largo de tú mismo cuerpo, de la cabeza a las plantas de los pies, pasando por los labios, las amígdalas, la tráquea, los pechos y el embalse de tú ombligo. Bajas la vista y el agua que engulle el desagüe parece igual de limpia, cristalina, porque sabes que la culpa no destiñe, la culpa es incolora, inodora y amarga. Por eso hoy prefieres el agua más fría, hoy prefieres castigarte y sentirte más viva, terapia de shock lo llamas, fuerzas el frío a sabiendas de que nunca llueve a gusto de todos.

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