viernes, 10 de junio de 2016


Desperté, abrí los ojos, tu recuerdo son cenizas, ahora descalzo me paseo por ellas, tipo faquir, ya no me dañan, me miro los pies y la piel está intacta. Tus palabras se extraviaron, allá entre la calle de la mentira y la avenida de los momentos robados, ya no me hacen daño. Cada noche, durante mucho tiempo hundido en mi almohada me hice amigo de la soledad. Por la noche nos acompañaba el silencio, entre los tres nos emborrachábamos de tus recuerdos, pero ya no nos despertamos con resaca de ti. Olvidé tus ojos, esos con los que me hablabas, apareces nublada en mi cabeza, como si forzada te fuera ido olvidando. Lo mismo ocurre con esa que yo llamaba nuestra canción, ahora sonrío al oírla, los acordes no suenan a ti, la melodía ha olvidado tu fragancia, ahora vuelve a ser música a la que no me ata nada, ya no existes. Sólo escribo éstas líneas para dejar por escrito que no me mereces, cariño, me destruiste, pero ya no dueles, que conste en acta.

miércoles, 8 de junio de 2016

Cuando más te echo de menos recurro al cigarro, a su humo que es capaz de envolverme y de hacer sonar a lo lejos el eco de tu risa después de cada calada.

Quizá por eso me gusta imaginar que un día acabaré perdido en tu boca y que dependerá de un sólo movimiento de tus labios para encenderme o apagarme.
Y bueno, aún no existen los cigarrillos eternos, pero si los que se consumen despacio, esos que conforme mueren, te van pegando al pecho como queriéndote decir ‘me voy, pero te calaré tan hondo, que jamás olvidarás que pasé por aquí’...

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...