Desperté, abrí los ojos, tu recuerdo son cenizas, ahora descalzo me paseo por ellas, tipo faquir, ya no me dañan, me miro los pies y la piel está intacta. Tus palabras se extraviaron, allá entre la calle de la mentira y la avenida de los momentos robados, ya no me hacen daño. Cada noche, durante mucho tiempo hundido en mi almohada me hice amigo de la soledad. Por la noche nos acompañaba el silencio, entre los tres nos emborrachábamos de tus recuerdos, pero ya no nos despertamos con resaca de ti. Olvidé tus ojos, esos con los que me hablabas, apareces nublada en mi cabeza, como si forzada te fuera ido olvidando. Lo mismo ocurre con esa que yo llamaba nuestra canción, ahora sonrío al oírla, los acordes no suenan a ti, la melodía ha olvidado tu fragancia, ahora vuelve a ser música a la que no me ata nada, ya no existes. Sólo escribo éstas líneas para dejar por escrito que no me mereces, cariño, me destruiste, pero ya no dueles, que conste en acta.

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