9-15
de la mañana, otra vez en la maldita oficina del Inem, "hoy hace algo
de frío", comentan algunos de los que estan en la calle fumando un
cigarrillo mientras esperan su turno, saludo algun que otro
conocido,(ultimamente solo nos vemos aquí),
me fijo y veo en algunas caras una agónica necesidad de sentirse
siempre acompañados, o de que siempre exista alguien al otro lado
esperando en su destino, o llenando cada hueco de su agenda para no
estar nunca solos y así evitar el silencio o el vacío, ultimamente ya no
se empachan de planes y acaban el día siempre exhaustos, rendidos, y
duermen bien por las noches (de puro cansancio o con pastillas, los más
graves) y todas las mañanas siguientes se despiertan temprano aunque no
tengan mucho que hacer, no hay vida social frenética ni cita en la
peluquería, ni en el gimnasio, las clases de inglés o de cocina hace
tiempo que quedaron atrás, ahora solo les queda hacer la compra, el
zapping o sacar al perro; y así día tras día, semana tras semana y un
mes tras otro hasta que al fin, aunque sólo sea por pura inercia o por
falta de costumbre, consiguen su objetivo: no escucharse, y descartar un
contacto íntimo
o introspectivo con ellos mismos.
Tal vez les aterra el eco insoportable de su voz interior, de lo qué podría decirles si la escucharan o tal vez no quieran sorpresas por miedo al abismo, al fracaso del YO, al indomable potencial que todos llevamos dentro.
Imagina que un buen día te sorprendes pensando que todo es relativo y de súbito comienzas a cuestionarte tus propias rutinas, tus costumbres, por qué haces lo que haces o si realmente encuentras placer en ello, imagina que ese nuevo relativismo te lleva a mandarlo todo a la mierda, traumas incluidos, y empiezas de cero en otra parte, más lejos de todo pero mucho más cerca de ti, imagina que comienzas a conocerte, a aceptarte y a quererte tal y como eres, imagina que ya no necesitas proyectarte en el amor de los demás porque ya eres capaz de producirlo por ti mismo,
Tal vez les aterra el eco insoportable de su voz interior, de lo qué podría decirles si la escucharan o tal vez no quieran sorpresas por miedo al abismo, al fracaso del YO, al indomable potencial que todos llevamos dentro.
Imagina que un buen día te sorprendes pensando que todo es relativo y de súbito comienzas a cuestionarte tus propias rutinas, tus costumbres, por qué haces lo que haces o si realmente encuentras placer en ello, imagina que ese nuevo relativismo te lleva a mandarlo todo a la mierda, traumas incluidos, y empiezas de cero en otra parte, más lejos de todo pero mucho más cerca de ti, imagina que comienzas a conocerte, a aceptarte y a quererte tal y como eres, imagina que ya no necesitas proyectarte en el amor de los demás porque ya eres capaz de producirlo por ti mismo,
qué miedo, ¿no?

No hay comentarios:
Publicar un comentario