martes, 29 de enero de 2013


Hay otra orden de alejamiento que no te impone ningún juez, eres tú el que te obligas por miedo a perder el juicio cuando alguien a quien amas te aparte de su camino, pero te falta asumirlo, quisieras saber de ella, pero no puedes, no debes, te mata que tenga una vida al margen de tí, que consiga caminar sin el bastón de tú mano, o se construya un futuro al margen de tus cimientos que ahora sientes desnudos, por eso, en lo que tarda en pasarse el duelo, te obligas a formar un cordón de seguridad alrededor de todo lo suyo, incluso te prohíbes cualquier opción de cruzarte con ella, ni el entorno de su trabajo, ni el entorno de sus amigos, ni el entorno de su casa, ojos que no ven, corazón anestesiado, 
y el tiempo ya te dará los puntos de sutura.
Sin embargo ya sabes como soy, y aunque evite esa parada de autobus junto a la cafetería donde siempre desayunas, y aunque evite la hora de tú camino al trabajo, mis pies, ajenos a mis pensamientos a veces me llevan a entrar en tú "ZONA CERO", y eso es saltarme el cordón y sonar esa otra pulsera atada al alma, ese “¡peligro!" podrías ser aquella mujer que camina justo delante mío, aunque es morena, ¿Te habrás teñido el pelo?; o peor aun, aquella otra que pasea de la mano de otro, no veo bien de lejos y todas acaban siendo tú,"Ya sabes" la imaginación es terca.
Pero anoche, dando un paseo, contra todo pronóstico, me ocurrió algo curioso, al llegar a tú calle aceleré el paso con un nudo en la garganta, y al pasar vi luz en tú balcón, sentí tan fuerte esa luz que me cegó y me abrasó la piel, lo sorprendente fué ver que no

cauterizaba mis  heridas.

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