Algunas personas aprovechan cualquier situación para desahogarse y saltan de los típicos temas livianos (normalmente el tiempo) a otros más personales y de ahí, hasta llevar la conversación a su propio terreno. Un ejemplo: - Por fin salió el sol, con lo que le gustaba el calor a mi pobre Mariano, que en paz descanse… – me dijo el otro día una vecina de avanzada edad en el ascensor. Así, sin más, de este mismo modo cualquier tema puede llevarse de lo genérico a lo personal para ahondar después en ello tanto como dure el momento. Si la señora del ejemplo asocia el sol de aquel día con su difunto Mariano (si hiciese frío lo asociaría igua) lo hace porque en ese preciso instante necesita hablar de él, de lo sola que se siente, valiéndose de la oportunidad del momento.
Esto me hace creer en el peso relativo de las palabras, de hecho algunas palabras pesan mucho más que otras, y pudiera ser que las palabras que más te pesan a ti puede que no le pesen nada al resto. Por ejemplo, la palabra “soledad” para aquella señora, seguramente pesaba mucho más que un muerto, mientras que para mí, apenas me supusieron un par de gramos.
Esto me hace creer en el peso relativo de las palabras, de hecho algunas palabras pesan mucho más que otras, y pudiera ser que las palabras que más te pesan a ti puede que no le pesen nada al resto. Por ejemplo, la palabra “soledad” para aquella señora, seguramente pesaba mucho más que un muerto, mientras que para mí, apenas me supusieron un par de gramos.

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