jueves, 7 de noviembre de 2013

Casi había olvidado que fue gracias a los libros que descubrí, por ejemplo, la composición celular de tú corazón, o porqué tus protones son los más suaves a este lado del Universo, o el por qué de esa misteriosa atracción de ciertas partes de mi cuerpo por los agujeros negros.
Sólo después de descubrirte entera comencé a disfrutar de tu sonrisa con el asombro de un androide, verte reir era surcar la Vía Lactea, y tú boca, el campo base, y detrás de cada beso, otra nueva galaxia más allá de Orión.

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