sábado, 30 de noviembre de 2013


Abro la llave de la ducha, es importante buscar la temperatura exacta, la presión exacta, el monótono sonido de las gotas, es importante sentir hormigas bailando claqué sobre mi cabeza y las gotas jugando a arrastrar mi culpa a lo largo de mi mismo cuerpo, de la cabeza a las plantas de los pies, pasando por los labios, las amígdalas, la tráquea, el embalse de mi ombligo, los muslos 
y los tobillos.
Bajo la vista, el agua que engulle el desagüe parece igual de limpia y cristalina, casi había olvidado que la culpa no destiñe, la culpa es incolora, inodora y amarga.

Nunca me perdonaré el haberte perdido.

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