Quisiera saber de ti más allá de esa minifalda, acariciar esas piernas bronceadas y escuchar esa fricción de tus muslos mientras caminas con esa camiseta a rayas, insinuante, que delimita en tú espalda con unos omóplatos que son proyectos de alitas de ángel, con esa melenita rubia, ladeada, que parece un telón abierto para enseñar tú cuello, sólo apto para ser besado o tal vez tocado con la punta de mis yemas.
No quiero saber qué esconde ese escote; sólo imaginar que poso mi cabeza en el y que lo observo de cerca durante horas, días, meses, lustros, y maldecir mi estampa por no saber pintar ese preciso (o precioso) contorno como lo haría un pintor de renombre. No quiero saber si escondes cicatrices en tú alma porque el simple hecho de imaginar que hay un cosmos oculto en lo que veo ya me estremece y me da esa ansiedad que demuestra que esta vida merece
la pena vivirla.
No hay nada de malo en esto, es más, creo que te halagaría saber lo mucho que me alegras la vida, los ojos y el recuerdo, sobre todo el recuerdo. Al menos mientras dure.
No quiero saber qué esconde ese escote; sólo imaginar que poso mi cabeza en el y que lo observo de cerca durante horas, días, meses, lustros, y maldecir mi estampa por no saber pintar ese preciso (o precioso) contorno como lo haría un pintor de renombre. No quiero saber si escondes cicatrices en tú alma porque el simple hecho de imaginar que hay un cosmos oculto en lo que veo ya me estremece y me da esa ansiedad que demuestra que esta vida merece
la pena vivirla.
No hay nada de malo en esto, es más, creo que te halagaría saber lo mucho que me alegras la vida, los ojos y el recuerdo, sobre todo el recuerdo. Al menos mientras dure.

No hay comentarios:
Publicar un comentario