Hay un segundo ínfimo, casi insignificante, en el que pasé de mis 49 a los casi 51, y aunque en esencia sigo siendo el mismo, de repente estoy un poquito más lejos de mis veloces y queridos recuerdos, de las risas conjugadas con un verbo femenino, de un oasis secreto y cansino… Y al mismo tiempo, ando un tanto más cerca de un mañana impronunciable que me arrastra con fuerza y que de forma inevitable, me traslada hasta un lugar que no es de nadie, más que de quién se decida a conquistarlo con fuerza, ganas, deseo, pasión, nostalgias y algo de corazón.....
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