Cuando rompemos con un amor de los que marcan reconforta pensar que la parte contraria cojea igual que cojean los recién mutilados, que continuará haciéndolo durante un tiempo, cuanto más tiempo mejor, triste y desorientada por la falta repentina de su punto de apoyo.
Nos tranquiliza saber que estará hecha polvo sin levantar la cabeza, llorando por las esquinas de nuestra ausencia, como ancladas en un pasado, obsesionadas por esa herida no resuelta, víctimas de un súbito bloqueo.
Y ese deseo es sin duda irracional, tampoco queremos que sufra porque seguimos amándola aunque ya no sea nada. De ahí ese dolor que a veces nos oprime el pecho
“Ya lo creo que duele”, pienso. Ella es guapa pero nunca más será “ mi” guapa, ni podré volver a besar su cuello suave, ni a compartir la música que ella escucha (¿cuál será?), ni a beber de su mismo café.
No hay comentarios:
Publicar un comentario