No me dejaste otra opción. Tuve que arrancarme una parte de mí. Esa parte que soñaba con perderse en tus ojos y encontrarse en tu mirada. Esa parte que añoraba a cada minuto el tacto de tu piel y el jugueteo de tus manos intranquilas. Esa parte que se estremecía al escucharte reír y se derretía con tu media sonrisa. Esa parte que se moría por volver a morir en tus labios y volver a nacer en tus caricias. Esa parte que nunca perdía la esperanza de volver a tenerte entre sus brazos. Esa parte a la que con sólo una palabra hacías replantearse hasta el azul del cielo.
Dijiste que todo eso debía terminar. Me pusiste entre la espada y la pared. Ya sabes lo que deseo para ti, así que al menos haz que todo esto haya valido la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario