Mi corazón fatigado
de luchar y de sufrir,
cuando escuchó
tú sosegada voz
de nuevo empezó a latir.
Fué como el lento regreso
de la muerte hacia la vida,
como quien despierta ileso
tras fatal caída,
en el beso con trampa
de alguna boca no querida.
Desfallecido de tanto
batallar y padecer,
llevando en los ojos llanto
y en el alma desencanto
llegué ante tí mujer.
Caí junto a tú regazo
y en él mi cabeza hundí,
y unidos en mudo abrazo
de nuevo atamos el lazo
que en mi locura rompí.
Ni reproches ni gemidos,
sólo frases de perdón
brotaron de tus labios empalidecidos
por tanta y tanta aflicción.
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