Anoche soñé que un coche de policía
arrasaba
las plantas de mi jardín. Desperté de repente (yo no tengo jardín) y ahí
estabas, a los pies de mi cama, observándome mientras te abrochabas el
pantalón. Ven, te dije. No puedo, llego tarde al trabajo.
Que le den por culo al trabajo, te necesito. La puta poli acaba de
destrozarme el jardín. ¿Qué jardín? El de dentro, supongo, tengo miedo,
ven, abrí la cama y te hice un gesto, te acercaste para darme un beso y
entonces te agarré por la cintura y tiré de ti. No puedo, Juan, ya
llego tarde, sólo será un minuto, te necesito. Está bien: un minuto y me
voy, ¿vale? Te tumbaste a mi lado. Yo aproveché tú camisa abierta para
apretar mi cabeza contra tu escote, sentir calor, o el eco del mar
en tus latidos mientras tú me acariciabas ¿Tuviste un mal
sueño? Ya te digo, la policía destrozó mi jardín. No te vayas, por favor, tengo miedo. ¿Y a qué tienes miedo? A que te vayas. Pero tengo que
irme. En esto metí mi mano por debajo de las copas de tu sostén y
comencé a acariciarte los pechos. Juan no sigas… Tus pezones
comenzaron a ponerse duros, lanzaste un par de gemidos sordos pero al
instante conseguiste zafarte.
Ya vale, Juan. Otro día. Me tengo que
ir.
Ya en pie te abrochaste la camisa y
cojiste tú chaqueta de la silla, era azul, del mismo azul que el
pantalón, parecía un uniforme, al retirar la chaqueta pude ver en el
respaldo un cinturón con balas, porra de goma y una pistola, y en la
chaqueta, tú placa de la Policía Municipal, te agachaste para cojer la
gorra del suelo y me diste un último beso, antes de marcharte
me señalaste una nota sobre la mesilla:
¡No te olvides de eso!, me
dijiste.
Sonó un portazo y me acerqué a la nota.
Era una multa de tráfico cumplimentada
a mano con mis datos.
Doscientos euros por saltarme
el STOP de tú cuerpo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario