Me marcaste a fuego por dentro igual que se marca al ganado en el matadero.
Sí, lo reconozco. Soy ganado. Me ganaste.
Pienso en ti y te busco por dentro, y te muerdo y te como para saber a qué sabes después de tantos años. Busco en mi cabeza neuronas con tu nombre, tu bandera en el Everest de la memoria, y cada vez que te encuentro y te muerdo y te trago, sabes a margarita deshojada y me atraganto.
Por eso, si alguna vez te cruzas con algún tonto como yo, o si montas en un autobús y piensas: este conductor es idiota, o crees que al vecino le falta un hervor, o no entiendes por qué hay reos que simpatizan con sus verdugos, ten en cuenta que, tal vez, todos ellos antes eran listos.
Fueron listos pero un recuerdo caníbal
les consumió por dentro.
Sí, lo reconozco. Soy ganado. Me ganaste.
Pienso en ti y te busco por dentro, y te muerdo y te como para saber a qué sabes después de tantos años. Busco en mi cabeza neuronas con tu nombre, tu bandera en el Everest de la memoria, y cada vez que te encuentro y te muerdo y te trago, sabes a margarita deshojada y me atraganto.
Por eso, si alguna vez te cruzas con algún tonto como yo, o si montas en un autobús y piensas: este conductor es idiota, o crees que al vecino le falta un hervor, o no entiendes por qué hay reos que simpatizan con sus verdugos, ten en cuenta que, tal vez, todos ellos antes eran listos.
Fueron listos pero un recuerdo caníbal
les consumió por dentro.
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