miércoles, 20 de julio de 2011



Cuento improvisado

Te regalo un cuento. Podía haber sido un paseo por el parque o una canción a medio hacer, una carta de amor, un café con helado o un truco de magia sin ensayar. ¡Pero no!. Quería que fuera un cuento, no para después de hacer el amor ni para que nos echemos de menos ni nada por el estilo.
Te regalo un cuento para que puedas hacerlo tuyo dibujándole una narizota, para que lo compartas con tú compañera de trabajo o con tú perrita. Para que elijas la canción que te apetezca que suene de fondo mientras lo lees, yo tengo mis canciones para mandarte tú las tuyas para leerme.
Te regalo un cuento para que puedas llevarlo contigo, dobladito en el bolso o entre las páginas de un libro. Para que cuando te enfades conmigo puedas estrujarlo y hacer con él una pelota de papel, arrojarlo por la ventana y mirar complacida cómo lo atropella un autobús. Para que lo fotocopies mil veces y le entregues una copia a quien más te apetezca, para que envuelvas con él una manzana , para colgarlo en la pared o para que le claves alfileres los días en los que me matarías.
Te regalo un cuento improvisado. De esos que empiezas a escribir sin pensar y que no sabes cuándo acaban, te regalo esta noche y todas las demás. Te ofrezco mi sonrisa, sin conservantes ni colorantes. Aún a riesgo de poder ser acusado de alevosía y nocturnidad y aunque puedan encontrarse muchos más agravantes.
Te dejo abierta la ventana para que te cueles, para que me espíes ésta noche. Para que me veas sin que te vea. Para que me cuides un poco sin que yo lo sepa.
Te regalo una idea. El concepto más hermoso de complicidad, un escenario vacío en el que buscar la manera de encontrarse. Te regalo un cuento que habla de amor y de sueños, de noches de verano pegajosas, de mí mismo mientras me imagino tú cuerpo desde lo alto del cielo, antes de lanzarme en picado sobre tú almohada.
Te regalo el kit completo de cariño, el maletín mágico con el que jugabas de niña a maquillar muñecas y cocinar guisos de plastilina mientras yo jugaba con mi Exin castillos.
Te regalo un cuento indeterminado sin pies ni cabeza, sin trama ni desenlace final, sin argumentos y sin actores de reparto, sin moraleja y si la tiene, que sólo tú la conozcas.
Lo único que necesitas es apagar la luz, cerrar los ojos y la puerta de tú habitación, no necesariamente en ese orden. Imaginar que te lo leo al oído, olvidarte de las facturas y del telediario, quererme un poco más que hace cinco minutos y hacérmelo saber, de alguna manera.
Te regalo un deseo, llenarte de unas ganas locas de reír y de que salgas corriendo en busca de una diadema bonita para el pelo. Que necesites verme, llamarme y entonces, empieces a leer el mismo cuento que estás leyendo ahora . Y ojalá no podamos dejar de escribirnos cada noche, para contarnos el mismo cuento toda una vida.
Un cuento para llevarte de viaje, y para leerle a tus hijas y a tus nietos y a mi abuela.
Te regalo un cuento sin papel de colores ni un "Espero que te guste". Sin aplicar el IVA y sin descuento por pronto pago. Un cuento que habla de ti y de mí, que puede leerse cualquier día del año, a cualquier hora, sea cual sea tú estado de ánimo o tú sabor favorito de helado.
Te regalo este cuento...

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