Canija, algunos días esta vida me parece deshabitada de sueño y alegrías desde el norte futuro hasta el sur pasado, y entre todo este silencio gris, duro, azul desgastado… a veces sé que me pierdo y ando colgado en los tejados de mi torpe pasado… y entonces pienso en ti, Canija, en tu sonrisa, en tus prisas y en tus manos; entonces pienso en tu mirada cotidiana y esta vida insana ya no me parece tan deshabitada; el norte es mi norte y el sur me queda muy lejano; el silencio me parece una anécdota discreta, un misterio, una canción… cuándo pienso en ti, Canija, mi corazón ciego de impaciencia y de razón, se dedica despacio a forjar fuego y fantasía con pedazos de amor, y me apetece gritarle al mundo entero que tu amor es mi consuelo, y que tú, mi Canija,
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