Antes de rehacer tú vida pregúntate si alguna vez tú vida estuvo hecha, si llegaste a conformarte con lo puesto, si llegaste a decir, aquí me planto. Por aquel entonces pensabas que sí, que esa persona era tú mundo y que el resto de los mundos no existían. Todos se casan convencidos de saber que el futuro será un eterno presente, una eterna suma de planes y adornos girando en torno a un mismo epicentro y todos tus pensamientos, tus ilusiones, gravitan en torno a esa persona. Pero el tiempo a veces, pasa a destiempo y, en esos casos, cuando la rutina pesa menos que el amor, sale a flote y mancha el mar de los buenos propósitos,
la paz salta de vocal
y se convierte en pez intoxicado.
Tú paz se convirtió en ese pez, y te dejaste llevar por la marea hasta acabar muriendo mordiendo el anzuelo que te lanzó su abogado. Los corales y el tesoro, para la parte contraria. Para ti, la orilla donde rompen las olas y el adiós.
Después de aquello, de surcar todos sus mares para acabar como un náufrago en tierra de nadie, nada más salir del despacho (o despecho) de su abogado y cerrar la puerta, notas que se cortó el hilo que te unía a su caña de pescar y que las heridas en el paladar se curaran pronto gracias al poder cicatrizante de la saliva, pero olvidaste que los mares se evaporan, se condensan, llegará la lluvia y encontrarás su rostro en la forma de alguna nube. Por eso te aconsejo que evites mirar al cielo y que por ahora lleves siempre contigo un paraguas.
la paz salta de vocal
y se convierte en pez intoxicado.
Tú paz se convirtió en ese pez, y te dejaste llevar por la marea hasta acabar muriendo mordiendo el anzuelo que te lanzó su abogado. Los corales y el tesoro, para la parte contraria. Para ti, la orilla donde rompen las olas y el adiós.
Después de aquello, de surcar todos sus mares para acabar como un náufrago en tierra de nadie, nada más salir del despacho (o despecho) de su abogado y cerrar la puerta, notas que se cortó el hilo que te unía a su caña de pescar y que las heridas en el paladar se curaran pronto gracias al poder cicatrizante de la saliva, pero olvidaste que los mares se evaporan, se condensan, llegará la lluvia y encontrarás su rostro en la forma de alguna nube. Por eso te aconsejo que evites mirar al cielo y que por ahora lleves siempre contigo un paraguas.


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