jueves, 10 de mayo de 2012


Fué justo en ese instante en que el sueño intentaba apoderarse de mí cuando hice un último esfuerzo, para secuestrarte y traerte hacia mí desde donde quiera que estuvieses, me resistía a esa soledad de la cama vacía y, no sé cómo, al instante estabas a mi lado. Tu ojos me miraban sorprendida, mientras tú cabello despeinado vestía tú rostro con esa serena belleza tuya que siempre me sedujo,  llevabas un camisón corto de transparente tela que dejaba al descubierto las simétricas curvas de tus nalgas, plateadas con la luz de la luna que las coloreaba a través de mi ventana. Te aferraste a mi pecho con tus manos, como si temieras caer, mientras mis labios vestían tú piel con el brillo rutilante de mi saliva, ahora, fueron mis manos las que haciendo una dulce presión en la piel de tus nalgas colocó tú cuerpo sobre el mío, te acurrucaste entre mis brazos y sintiéndote en tan íntima cercanía, me dejé arrastrar por el sueño, feliz de haberte podido secuestrar de esta manera.... Cuando desperté, dudando de si lo había soñado, tú camisón descansaba sobre mi cuerpo desnudo.

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