viernes, 18 de mayo de 2012


Se dice (No sé si es una leyenda) que cuando murió Miguel Hernández, resultó imposible cerrarle los ojos, esos mismos ojos grandes, brillantes como esferas de vidrio, que hemos visto representados en tantas fotografías. En uno de sus últimas poesías escritas en la cárcel y no recogida en ningún libro, escribió: «Yo que creí que la luz era mía, precipitado a la sombra me veo». Y termina con estos versos: «Pero hay un rayo de sol en la lucha, que siempre deja a la sombra vencida».
El creía en la hermandad entre los hombres y en la juventud de este pais, una juventud en pie, invencible y con un alma noble que jamás se someta ni arrodille ante la injusticia, ¡¡Qué pocos ideales sobreviven en el corazón de los españoles!! Votando a dirigentes a los que sólo les preocupa perpetuarse en el poder, el pago de comisiones, corrupción institucionalizada en los partidos y el sainete de los portavoces en el "Debate" de las Cortes..Todo resulta luctuoso, actual y lógico contemplado a través de los ojos de aquel forjador de la palabra que murió el 28 de marzo de 1942 en la cárcel de Alicante, que expiró su último verso de fiebre porque se le denegó deliberadamente la atención médica......

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Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...