miércoles, 30 de octubre de 2013

Como bien dijo Voltaire: “La escritura es la pintura de la voz”. Escribimos para sacar fuera lo que no podemos tocar; para fosilizar cada sensación, cada sentimiento; para ordenar todas esas ideas que amontonamos en las estanterías de nuestra cabeza. Escribimos para entendernos, para leer lo que somos o incluso lo que nos gustaría ser, escribimos para ganarle terreno al corazón (tanto al propio como al de aquella mujer que se sienta dos asientos más atrás, que te mira y te sonríe).
Cuando una persona escribe, en realidad está soltando lastre, delegando su responsabilidad en unas cuantas líneas cerradas con candado y llave evitando así que nadie pueda entrar en su intimidad. El candado demuestra que cada alma cuenta con su propia llave de acceso. Por eso, si te inicias en el arte de “pintar la voz”, como dijo Voltaire, te recomiendo que lo sueltes todo y que luego tires la llave al mar, y si tu ciudad no tiene mar, a falta de poesía, siempre puedes usar el water.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...