Pasarte
otra pantalla en el juego de la vida es saber qué hacer cuando un solo
pensamiento te martillea el cráneo, insistente como un grifo que gotea
una, y otra, y otra vez, y tú mientras atado en la cama sabiendo que
esas gotas seguirán percutiendo dentro de tú cabeza, y otra gota y otra y
otra, hasta agotar, gota a gota, todos los mares de la tierra. Esa
mujer que aparece asfixiándote el recuerdo,
esa nítida imagen de aquel primer beso, de su lengua jugando con tu
lengua como dos medusas, de tu mano en su cintura tanteando los límites
de un sueño y tú dejándote perder todas las noches, o el sonido fantasma
de su voz que a veces te sigue despertando en mitad de la noche, y
palpas la cama y no es ella, y otra vez gotea el grifo y el insomnio se
enquista en tus ojos como posos de recuerdos que al caer se acumulan y
hacen bolsas.

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