miércoles, 30 de octubre de 2013

Pasarte otra pantalla en el juego de la vida es saber qué hacer cuando un solo pensamiento te martillea el cráneo, insistente como un grifo que gotea una, y otra, y otra vez, y tú mientras atado en la cama sabiendo que esas gotas seguirán percutiendo dentro de tú cabeza, y otra gota y otra y otra, hasta agotar, gota a gota, todos los mares de la tierra. Esa mujer que aparece asfixiándote el recuerdo, esa nítida imagen de aquel primer beso, de su lengua jugando con tu lengua como dos medusas, de tu mano en su cintura tanteando los límites de un sueño y tú dejándote perder todas las noches, o el sonido fantasma de su voz que a veces te sigue despertando en mitad de la noche, y palpas la cama y no es ella, y otra vez gotea el grifo y el insomnio se enquista en tus ojos como posos de recuerdos que al caer se acumulan y hacen bolsas.

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