lunes, 18 de abril de 2011



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Hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y las mías,
una muralla de palabras no dichas
entre mi boca y la tuya,
un horizonte de sueños por soñar
entre tú cuerpo y el mío,
y un brillo triste en mi mirada
buscando tú mirada.

Claro que la soledad nunca llega sola
y la sombra alargada del deseo
se posó sobre una calle oscura
en las luces de mi vieja ciudad.

Un día cualquiera por la noche,
lo juro por ése dios que no existe,
iría a buscarte para caminar
y te llevaría junto al mar
para disfrutar a solas de tu sonrisa,
muy poco a poco, sin prisas.

Ahora sé que yo puedo,
tú no sé si querrías,
el otro día le pregunté al mar
y me dijo que a él
desde luego no le importaría.














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