miércoles, 5 de septiembre de 2012


No creo ni en príncipes ni en princesas, pero me conmueve la historia de aquella princesa heredera de un reino, que quiso contraer nupcias. 
Príncipes de todos los reinos fueron a su palacio y uno a uno iba diciéndole todas las cosas que podían ofrecerle si fueran por ella elegidos: 
Oro, riquezas, tierras y servidumbre. Hasta que un día llegó a Palacio 
un humilde hombre y declaró a la joven su amor guardado desde hacía mucho, mucho tiempo y todo lo que había hecho para poder verla aunque fuera de lejos. 
No tenía la dote que otros le ofrecían, pero a cambio tenía esa joya invalorable que era su amor por ella. Al oír aquellas palabras, la joven princesa, dispuso una prueba para que él le demostrara que su amor por ella era verdadero: Debía pasar, el pobre hombre, 100 noches y 100 días 
parado frente a su balcón. Y así fué, no hubo sol ni lluvia capaz de
perturbarlo y la princesa siempre asomada al balcón se decía,,, es cierto su amor por mí. Pero en la noche 99, en medio de un torrencial aguacero, el hombre se dijo para sí, han pasado 99 días con sus noches, he
soportado viento, sol y noches frías,y ella sólo se ha limitado a asomarse 
al balcón sin importarle mi suerte. Quien no ha sido capaz de liberarme 
de un solo día de este suplicio no merece mi amor,,y se fué.
Al día siguiente, cuando la princesa se asomó al balcón para decirle que era él el elegido, se encontró con la sorpresa de que aquel humilde
hombre ya no estaba allí.. 
Y esto he aprendido hoy: La persona que somete a pruebas al amor  no merece ese amor, quien no entiende los gestos del amor, quien no comprende el valor que se requiere para hacer algunos sacrificios en nombre de ese sentimiento, jamás ha amado y por tanto es imposible que esos gestos toquen su corazón...Esta frase última la hago mía desde el día de hoy.

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