martes, 4 de septiembre de 2012


Señora:
Según me dijo 

ya tiene usted otro amante,
lástima que la prisa 

nunca sea elegante,
yo sé que no es frecuente 

que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda 

siendo aún esposa,
y me parece injusto 

discutirle el derecho
de compartir sus penas, 

sus goces y su lecho,
pero el amor señora, 

cuando llega el olvido
también tiene derecho 

a un final distinguido.
Perdón, 

si es que la hiere mi reproche, 
perdón,
aunque sé que la herida 

no es en el corazón,
y para perdonarme piense,
¿En que hay más despecho,
en lo que yo le digo,
o en lo que usted ha hecho?
Pues sepa que una dama 

con la espalda desnuda
sin luto en una fiesta, 

puede pasar por viuda,
pero no como tantas 

de un difunto señor
sino para usted sola, 

viuda de un gran amor.
Usted será 

como el crepúsculo 
a la orilla del mar,
que según quien la mire 

será hermosa o vulgar,
usted será 

como la flor 
que según quien la corta,
es algo que no muere 

o algo que no importa.
Sí, es cierto, 

que alguna noche 
su puerta estuvo abierta
y que yo en otra ventana 

me olvidé de su puerta 
y que una tarde de lluvia 
se iluminó mi vida
mirándome en los ojos 

de una desconocida.
Y también es posible 

que mi amor indolente
desdeñara su vaso 

bebiendo en la corriente,
sin embargo señora, 

Yo, con sed o sin sed
nunca pensaba en otra... 

solo en besarla a usted.
Perdóneme de nuevo 

si le digo estas cosas
pero ni los rosales 

dan solamente rosas,
y no digo estas cosas 

por usted ni por mí
sino por loa amores

que terminan así.
Pero vea señora..

que diferencia había
entre usted que lloraba 

y yo que sonreía,
pues nuestro amor concluye 

con finales diversos 
usted deseando a otro, 
y yo escribiendo este verso...

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