Señora:
Según me dijo
ya tiene usted otro amante,
lástima que la prisa
nunca sea elegante,
yo sé que no es frecuente
que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda
siendo aún esposa,
y me parece injusto
discutirle el derecho
de compartir sus penas,
sus goces y su lecho,
pero el amor señora,
cuando llega el olvido
también tiene derecho
a un final distinguido.
Perdón,
si es que la hiere mi reproche,
perdón,
aunque sé que la herida
no es en el corazón,
y para perdonarme piense,
¿En que hay más despecho,
en lo que yo le digo,
o en lo que usted ha hecho?
Pues sepa que una dama
con la espalda desnuda
sin luto en una fiesta,
puede pasar por viuda,
pero no como tantas
de un difunto señor
sino para usted sola,
viuda de un gran amor.
Usted será
como el crepúsculo
a la orilla del mar,
que según quien la mire
será hermosa o vulgar,
usted será
como la flor
que según quien la corta,
es algo que no muere
o algo que no importa.
Sí, es cierto,
que alguna noche
su puerta estuvo abierta
y que yo en otra ventana
me olvidé de su puerta
y que una tarde de lluvia
se iluminó mi vida
mirándome en los ojos
de una desconocida.
Y también es posible
que mi amor indolente
desdeñara su vaso
bebiendo en la corriente,
sin embargo señora,
Yo, con sed o sin sed
nunca pensaba en otra...
solo en besarla a usted.
Perdóneme de nuevo
si le digo estas cosas
pero ni los rosales
dan solamente rosas,
y no digo estas cosas
por usted ni por mí
sino por loa amores
que terminan así.
Pero vea señora..
que diferencia había
entre usted que lloraba
y yo que sonreía,
pues nuestro amor concluye
con finales diversos
usted deseando a otro,
y yo escribiendo este verso...

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