jueves, 18 de octubre de 2012
Juan salió de la ducha y se paró frente al espejo, batió la crema de afeitar, se puso un poco en la mano y comenzó a pasársela por la cara, su cuerpo estaba ahí, pero su mente estaba en otro lado, en el mismo lugar que había estado durante las últimas semanas.
Un “Hola” proveniente de algún lado lo sacó de su letargo, giró la cabeza en un acto reflejo, pero obviamente no encontró a nadie, la voz le parecía extremadamente familiar.
-Aquí, Juan, en frente tuyo –volvió a escuchar.
Casi con temor miró hacia delante y se encontró con la triste imagen de sí mismo que el espejo le devolvía.
-Sí nene, soy yo el que te habla…o eres tú, como quieras llamarle…cuanto tiempo ¿no? –le dijo su reflejo.
La sensación de temor cambió inmediatamente por una mezcla de sorpresa, vergüenza y culpa.
-¿Me tienes olvidado, eh? –le dijo el del espejo con un tono que mezclaba el reproche con el dolor.
-No…bueno…un poco…tú ya sabes como vienen las cosas… -respondió Juan.
-Sí, claro que lo sé.
-Bueno, entonces ya me entiendes-
-Tú dijiste “es un ángel”….y yo te dije “Ojo…andá con cuidado”, pero a partir de ahí solo tuviste ojos para ella y te olvidaste de mí.
-¡Mira!…no estoy para reproches,,,me encuentro fatal,, ni estoy preparado para perderla,,,ni puedo olvidarla…
-Juan…todos estamos preparados para perder cualquier cosa y para seguir adelante, lo que no podemos es olvidarnos de nosotros mismos, y tú te olvidaste completamente de mí. –Le dijo el espejo-
-Sí, puede ser…
-¿Puede ser? ¿Puede ser?…¿Cuántas veces estuviste parado aquí mismo en frente mío y ni siquiera me miraste? ¿Cuántas veces intenté empezar a hablarte y ni siquiera me escuchaste?
-Es que para mi ella lo es todo-…
-Juan ¿Tú eres consciente de que yo soy la única persona que realmente puede ayudarte?
-Nadie puede ayudarme…la necesito tanto-
-Claro que nadie puede ayudarte, nadie que esté fuera de tí puede ayudarte, solo te puedes ayudar tú,, y yo soy tú,,¡¡Háblame Juan!!
-Es que sin ella no soy nada-
Los ojos de Juan comenzaron a humedecerse y su voz comenzó a sonar entre cortada.
-¡Juan, mírame! –le dijo la imagen del espejo con voz firme y enérgica..Pero Juan siguió mirando hacia abajo mientras sus lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas.
-¡Juan, joder! ¡Mirame a los ojos, ostias! – le gritó el espejo.
Levantó la vista y sus tristes ojos se encontraron con la imagen de otros dos ojos que saltaban chispas.
-¿De cuántas salimos juntos, capullo? ¿Cómo se te ocurre pensar que de ésta no vamos a salir también? – dijo su reflejo.
-Es que no sé-
Juan…no quiero enfadarme contigo – le dijo su imagen –
pero ¿Es que acaso perdiste la memoria? ¿Te olvidaste ya de todo lo que vivimos y lo bien que nos fué?
-No…no es que me haya olvidado- pero…
-¿Y te acuerdas de lo que lloramos juntos aquella tarde en el tanatorio?…pero bueno…la vida nos da palos que hay que soportar a veces….pero si seguimos viviendo después de esa…¿cómo no vamos a remontar ésta?
Si tantas veces aprendimos que lo que no te mata te hace más fuerte…¿no nos vamos a olvidar ahora, no?
Juan se puso más derecho frente al espejo y mirando a su imagen a los ojos dijo:
Perdoname..
¿Qué tengo que perdonarte?
Haberme olvidado de tí….y haberte dejado totalmente de lado poniendo todos mis sentidos en otra persona.
No tengo nada que perdonarte….solo que me partía el alma verte tan desorientado, tan triste, tan dependiente…y no poder hacer nada, me quedé afónico de gritarte, pero tú no me escuchabas…
No es tarde para que arranquemos juntos de nuevo ¿verdad?
¿Tarde? ¿Cómo va a ser tarde? Nunca es tarde.
¿Sabés de que me estoy acordando? –preguntó Juan-.
¿De qué? le respondió su imagen...
Del día que tuve aquel accidente y tú me dijiste “No te quites el casco”….creo que me salvaste la vida…
Sí…pero tuve motivos egoístas para hacerlo.
Jajaja…¡¡que capullo eres!! –se rió Juan-
Jajaja,,,rió también el espejo.
Ambos se quedaron mirando el uno al otro, hasta que la risa fue desapareciendo, convirtiéndose en una sonrisa alentadora.
Así que ¿Tiramos para adelante? – dijo la imagen reflejada-
-Por supuesto que si- respondió Juan.
Y así siguieron ambos, pasándose espuma por la cara…y luego la hojita de afeitar cuidadosamente, en una sincronización perfecta, ya no eran dos, ya eran otra vez uno, pero habiéndose reencontrado de nuevo el uno con el otro......
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