La pasada primavera me sobrevino a la vez una otitis y la puñetera alergia primaveral de todos los años, fuí al médico y me recetó un colirio para la alergia y unas gotas para la otitis, así que compré en la farmacia los dos botecitos, y me eché las gotas en el servicio del primer bar que encontré de camino a casa.
El caso es que, casi de inmediato, comencé a sentirme raro, en el taburete de al lado se sentó una señora y pidió un café con leche, me sorprendió comprobar que en realidad la estaba escuchando con los ojos, me giré hacia ella y también comprobé que sólo podía verla a través de los oídos. Nervioso, cogí los dos botes y, en efecto, resultó que me había echado las gotas de los oídos en los ojos y las de los ojos en los oídos, algo confundido por la ridícula situación, pagué mi café y me marché.
Cuando llegué a casa, estabas dormida y se me ocurrió mojarte los labios con un par de gotas para los oídos y yo mojarme los míos con las gotas para los ojos y al besarte pude ver y escuchar tus labios y en esa dislexia de sentidos, te quise más que nunca. En serio, probadlo....


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