lunes, 26 de agosto de 2013



Su recuerdo me llega como una huella aplastando mi garganta, flashes de su pelo, de su risa, sus ojos a juego con mis ganas, y su mano jugando al tetris con mi mano. Y a lo lejos, en ese horizonte que siempre negamos, el reflejo de una luna enferma de parkinson. Me refiero a ella, nuevamente ella, la misma de siempre, la que no consigo borrar ni bebiendo lejía. Me quiso más que a su vida y yo a ella, pero no pude evitar mi condición de turista en tierra de nadie y me marché, y ahora veo, aunque fui ciego, que la cagué, como tantas otras veces, hace exactamente 283632 horas pensé en huir de un compromiso que me estancaba para ser libre como el monóxido de carbono. La mujer de mi vida estaba loca por mí y yo me volví loco pensando en nuevas locas, en otras vidas, buscando la cuadratura del círculo a través de las calles de una ciudad con más de cien mil habitantes. Pero ahora echo la vista atrás y en realidad llevo, exactamente eso, 283632 horas buscando como un loco a mujeres que se parezcan a ella, pero hasta ahora solo he encontrado farsantes, no hay manera.

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