miércoles, 14 de agosto de 2013


Me dijo hola, con voz de haberse fumado las cenizas de sus recuerdos más profundos. Pero no fue eso lo que llamó mi atención, ni tampoco su cuerpo o sus pómulos de caramelo o aquella joya alrededor de su cuello. Lo que más destacaba en ella era la sonrisa pícara que mantuvo a lo largo de toda nuestra conversación. Aquella mujer era la imagen misma de todo lo que puedas entender por estar de vuelta de la mismísima antesala de la monotonía, (Y sin embargo sonreía) a nadie en particular, sonreía siempre, incluso después de despedirse de mi pude ver por cómo se alejaba sonriendo. Solista en la orquesta del Titanic, pensé. (Que la muerte no te pille despeinada). De entre todas las virtudes que observé en ella, me quedé con la de maquillarse contra la debilidad y usar sus dientes para tapar rendijas. Creo que usa todo eso para construir un bunker alrededor de sí misma para no darle pistas a nadie. Tampoco al espejo..

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