martes, 7 de enero de 2014


Lo reconozco, hay algo que se me escapa, y digo esto pensando (Por ejemplo) en el páncreas o en los siete metros de intestinos perfectamente plegados en el bajo vientre, o en la función que desempeña el corazón, y como no, en el cerebro, ¡joder! el cerebro, y en el ojo, el iris, la retina, la córnea, el cristalino, ¡Increible! la pupila se dilata o se contrae según la intensidad de la luz y todo ello encajado en la cuenca del cráneo de tal forma que te permite mover la vista a tu antojo, y sin embargo impide que el globo ocular salga disparado si estornudas, y qué decir de las pestañas, qué gran invento las pestañas, por no hablar del......, en fin.
Es muy difícil, ciertamente, creer que todo esto surgió de la nada, cuesta imaginar que detrás del diseño del ombligo, detrás de una medusa, detrás del Gran Cañón del Colorado o detrás del Big Bang sólo hubo azar, o lo que algunos científicos llaman “generación espontánea”. 

Conociendo y asumiendo nuestros límites suena más lógico creer en un ser superior que se escapa a cualquier lógica palpable. Hasta ahí, estoy completamente de acuerdo, puedo llegar a aceptar que haya gente que crea que existe un "Dios" o como quieran llamarlo, pero toda esa parafernalia que a lo largo de los tiempos ha girado en torno al concepto en cuestión, todos esos rituales, mandamientos, obligaciones, negaciones, castigos, ofrendas, miedos, supersticiones, bulas y sotanas que llegan incluso a colarse hasta en los úteros de las mujeres, ¿a qué se debe? ¿por qué pretenden acapararlo todo? ¿para qué? ¿hasta cuándo?

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