Su recuerdo llegó salvaje y repentino como un
tsunami en Benidorm, como una huella aplastando mi garganta. Flashes de
su risa, y mis ojos a juego con sus labios, y a lo lejos, en ese
horizonte que siempre negamos, el reflejo de una luna enferma
de parkinson. Era ella, nuevamente ella, la misma de siempre, la que no
consigo borrar ni bebiendo lejía. Me quiso más que a su vida y yo a
ella, y ahora veo, aunque fui ciego, que la cagué, como tantas otras
veces. La mujer de mi vida estaba loca por mí y yo me volví loco
pensando en nuevas locas..
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