lunes, 6 de enero de 2014

Su recuerdo llegó salvaje y repentino como un tsunami en Benidorm, como una huella aplastando mi garganta. Flashes de su risa, y mis ojos a juego con sus labios, y a lo lejos, en ese horizonte que siempre negamos, el reflejo de una luna enferma de parkinson. Era ella, nuevamente ella, la misma de siempre, la que no consigo borrar ni bebiendo lejía. Me quiso más que a su vida y yo a ella, y ahora veo, aunque fui ciego, que la cagué, como tantas otras veces. La mujer de mi vida estaba loca por mí y yo me volví loco pensando en nuevas locas..

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