martes, 14 de agosto de 2012


Unos cuantos años después que yo naciera, mi padre conoció a un extraño, desde el principio, mi padre quedó fascinado con este encantador personaje, y enseguida lo invitó a que viviera en nuestrta casa, desde entonces ha estado con nosotros.
El extraño era un fantástico narrador y nos mantenía hechizados durante horas con sus aventuras, misterios y comedias.
El siempre tenía respuestas para cualquier cosa que quisiéramos saber, de política, de historia o de ciencia, era increible ¡Conocía todo lo del pasado lo del presente y hasta parecía poder predecir el futuro!
Llevó a mi familia al primer partido de fútbol, me hacia reír y me hacía llorar,. el extraño nunca paraba de hablar, pero a mi padre no le importaba.
A veces, mi madre se levantaba temprano y mientras que el resto de nosotros estábamos pendientes para escuchar lo que tenía que decir, ella se iba a la cocina para tener paz y tranquilidad. (Ahora me pregunto si ella habra rogado alguna vez, para que el extraño se fuera.)
Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas, las blasfemias y las malas palabras, (por ejemplo)  no se permitían en nuestra casa… Ni por parte de nosotros, ni de nuestros amigos o de cualquiera que nos visitase, sin embargo, nuestro visitante lograba sin problemas usar su lenguaje inapropiado que a veces quemaba mis oídos y que hacia que mi padre se retorciera y mi madre se ruborizara.
Mi padre nunca nos dió permiso para beber alcohol pero el extraño nos animó a intentarlo y a hacerlo regularmente, incluso hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos..
Hablaba libremente (quizás demasiado) sobre sexo, sus comentarios eran a veces evidentes, otras sugestivos, y generalmente vergonzosos.
Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.
Repetidas veces lo criticaron, más nunca hizo caso a los valores de mis padres, aun así, permanecio en nuestro hogar.
Han pasado más de 40 años desde que el extraño se mudó con nuestra familia y desde entonces ha cambiado mucho; ya no es tan fascinante como era al principio.
No obstante, si hoy usted pudiera entrar en la casa de mis padres, todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando por si alguien quiere escuchar sus charlas o dedicar su tiempo libre a hacerle compañía...

¿Su nombre?
Nosotros lo llamamos Televisor...
Y ahora tiene una esposa que se llama Computadora
y un hijo que se llama Movil...

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