jueves, 21 de febrero de 2013

Si como lo que quiero comer, si la cerveza casi nunca me deja resaca, si me despierto cuando quiero y me acuesto cuando se apaga el cielo, si adoro a mi familia y aprecio a mis amigos, si presumo de buena salud y de una juventud cuyo divino tesoro lo gasté a plazos con el paso del tiempo, si no tengo problemas psiquiátricos (pese a la crisis), si escribo cada día lo que me sale de los huevos, si guardo en el cajón de la memoria los momentos más felices de mi vida, si ya he leído ‘El amor en los tiempos de cólera’, si apruebo un nuevo doctorado cada día conversando con mis amigos, si no soy ciego ni sordo, si me gusta la lluvia y me gusta el sol, si tengo en el horno unos proyectos quetecagas, si no tengo vicios, si le saco a la vida todo el jugo que me permite el Código Penal, si espero vuestros comentarios cada día con la impaciencia de un niño de primaria, si me lleno cada día con miles de trocitos de detalles, entonces, ¿Por qué estoy tan triste?

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