Me
inquietan esas parejas que tras cuarenta años de matrimonio aparecen en
televisión reclamando a sus cónyuges un poco más de atención, parejas
que llevan más de media vida durmiendo en la misma cama y sin embargo,
no se atreven a confesarse sus carencias. Conozco demasiados casos
anclados en esa España profunda de matrimonios que no se soportan y, sin
embargo, lejos de separarse, conviven movidos
por una resignación que les hace infelices de por vida, matrimonios que
sufren su desdicha hasta el final de sus días movidos por una absurda y
rancia tradición costumbrista, y a todo esto añadele que en los últimos
tiempos, se ha convertido en la suma de dos nóminas perfectamente
engranadas, cada amor, como cada sueldo, se solapa al otro formando un
conjunto inseparable, mucho más potente que el clasico “Hasta que la
muerte nos separe”. De hecho, ahora preferimos utilizar frases más
terrenales, adaptadas a estos tiempos de crisis, preferimos dar un paseo
cogidos de la mano por un parque gratuito y en un arranque de pasión
acercarte al oído de tu amada y decir: - "No puedo vivir sin ti mientras dure la hipoteca" -
Frases como esta dota a las parejas de cierta estabilidad emocional (Al
menos durante 35 años). Luego, ya se sabe, suben los tipos de interés, y
en ese encaje de bolillos, o de nóminas, encuentras una nueva forma de
demostrar lo que sientes y sin pensarlo dos veces, enamorado perdido,
acudes del brazo de tú amada al Banco y solicitas una ampliación de
hipoteca y mientras firmas, se te empañan los ojos al pensar que ese
amor podrá prolongarse durante 5 ó 10 años más. - "Vamos, como en los cuentos de hadas" -
No hay comentarios:
Publicar un comentario