Fue verte y quedar prendado de tí, nunca había visto a ninguna mujer de belleza tan pura, parecías ajena a todo cuanto te rodeaba, tal vez por eso tú belleza reluciera más aún, la tuya era, a fin de cuentas, una belleza libre, una belleza sin el vicio inevitable del espejo, sin las pistas del espejo, o el escrutinio del espejo, no eras consciente (Aún) de tus gestos más favorecidos, ni del carmín más adecuado, o de cómo articular los labios para que resultaran más sexys, y sin embargo todo en tí conjugaba de un modo salvaje y melodioso a su vez, tus labios eran un tango aún sin haber aprendido a bailarlos, y arqueabas las cejas como mueve el pincel un pintor impresionista.

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