Imagina que nada más verte me enamoro perdidamente de ti, del reflejo que proyectas en el espejo de mi alma, de tus ojos, de tú aliento, de tú risa o de lo que fuera que tuvieras distinto al resto. Imagina que, víctima de ese embrujo, accedes a tomarte un café conmigo y,, ¿Porque no? a contemplar una puesta de sol (aunque sólo fuera por la incertidumbre de mi tibieza). Que consigo descifrar y decirte lo que necesitas oír y manejar los tiempos según tú prisa, que esa primera cita se convierte en una segunda, y la segunda en una quinta (en proporción directa al aumento de intensidad de nuestros ritmos cardiacos). Imagina que, tras los citados trámites, consigo que tú también te enamores de mí (aunque a un ritmo más lento), y que al fin compartimos sentimientos mutuos, que de un futuro convertible pasamos a un presente perpetuo, que acabamos viviendo juntos, compartiendo ganas y champú, y que con el tiempo llegamos a tener tantos nietos como nuestros respectivos hijos quieran tener. Con esto sólo pretendo hacerte entender que la incertidumbre y el azar pueden hacernos cambiar de vida en cualquier momento y que siempre hay que estar alerta,(incluso en sueños) Aunque sea a base de inyecciones de "Farlopa" en cada ojo.
¡¡¡Como metáfora, claro!!!



No hay comentarios:
Publicar un comentario