sábado, 13 de julio de 2013

No creo en la fuerza del hombre
cuando invade tierras que no le corresponden,
ni creo en Dios cuando en su nombre
tiemblan los vagones de Madrid y Londres.
Y no, no creo en la inocencia de la voz de su conciencia,
ni en discursos con sermones
ni en las falsas promesas para ganar las elecciones.
Caballos comen peones
Alfiles se rinden ante el poder de las Torres
y jaque al rey desde los mares
en el ajedrez de las potencias nucleares.
No me interesa ser la fresa presa de sus ambiciones
de leones con encías que vacían nuestros corazones,
aquí nadie confiesa ni expresa perdones.
Y no, no creo en la inocencia
de la voz de su conciencia
yo no voy a besar las bocas de la violencia
porque las flores se mustian y el odio me angustia,
solo sé que creo en las distintas versiones
de las mil caras del miedo y sus manifestaciones.

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