domingo, 21 de julio de 2013


Para finiquitar de un plumazo todos mis traumas, renuncié al pasado quemándolo. Mejor dicho: lo ahogué primero, dejé que se secara y por último lo quemé, media botella de whisky, un mechero y dos paquetes de Marlboro despues, enterré las cenizas no recuerdo dónde, al igual en el típico bosque al que acuden los rebeldes a ocultar sus cadáveres, supongo. Ahora sé que mi ausencia de traumas derivará en cirrosis. (Nunca dije que este plan fuera perfecto) Pero por más que los gusanos se disfracen de cenizas, por más que beba como si no hubiera un mañana, consigo cada día olvidar mi nombre pero no el tuyo. Estás siempre ahí, tatuada en alguna parte que no encuentro, te recuerdo en cada foto que enterré, en la sombra que proyectan otras mujeres y en el fondo de todos los vasos de whisky que tomo, y salgo a la calle cada vez más aturdido y cada vez con más miedo, más que nada, por si te encuentro.
Si nada fui contigo, ahora soy nada sin ti...

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