lunes, 8 de julio de 2013

Quizá...

Seguro que estaras disfrutando del sol por primera vez en muchos meses, con tú cabeza apoyada en el respaldo de una hamaca y los ojos cerrados, de esta forma la luz que penetra a través de tus párpados, hace que la oscuridad de dentro no sea negra, sino naranja. Sonríes con los ojos cerrados, como notando las cosquillas de los rayos en tú rostro, quizá estes pensando en las plantas, en el milagro de la fotosíntesis, en tú vida receptora, en la fuerza de la luz como terapia y que bien querrías quedarte así para siempre, alimentarte a base de sol y echar raíces desde tus pies, atravesando el asfalto y luego la tierra hasta quedarte anclada, plantada en ese mismo instante y en ese mismo lugar, que las raíces de tus plantas, de las plantas de tus pies, lo perforaran todo hasta encontrar agua para luego absorberla y disociar sus nutrientes con el sol de la flor de tú rostro. Yo en cambio, las únicas raíces que conozco son cuadradas...

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