sábado, 17 de noviembre de 2012


LLevo varios días pensando en esto y sólo te pido que me prestes un minuto de atención...Imagina que salgo a pasear un día cualquiera y que me encuentro con un conocido al que hacía mucho tiempo que no veía y nos ponemos a charlar, primero hablamos de lo típico, ya sabes, del tiempo, de la falta de trabajo, de la familia,,, pero poco a poco y casi sin querer, nos vamos adentrando en una de esas conversaciones que motivan y que alimentan hasta el punto de variar nuestro estado de ánimo. Imagina que cuando por fín nos despedimos con un "A ver si nos vemos más a menudo" lo hago con un semblante más alegre (fruto de la conversación que acabamos de mantener), y así continúo hasta llegar a la cafetería donde acostumbro a tomar algo. Imagina que pido un café, como casi todas las mañanas, pero víctima aún de los efectos de aquel encuentro hoy me muestro especialmente jovial con la camarera, a ella le sorprende; no es fácil encontrar gestos simpáticos a las siete y media de la mañana...La camarera, sin querer, se contagia de esas buenas vibraciones y le da por acordarse de lo mucho que se divertía con su marido, ya que fué precisamente eso lo que le atrajo de él. Así fue como surgió el amor hace ya tantos años; no como ahora, que su vida en común hace aguas y están al borde del divorcio. ¿Por qué se perdió esa chispa?, se pregunta la camarera. Imagina que gracias a mi estado de ánimo, la camarera encuentra el empujón que necesita para darle una última oportunidad a su marido, así que lo llama por teléfono y en un tono divertido le propone volver a pasear por aquel parque, el mismo que frecuentaban cuando eran novios, el marido accede contagiado por el estado de ánimo de ella, contagiada a su vez por mi buen humor. Los dos acuden al parque, y recordando con humor los viejos tiempos, vuelve la chispa, y acaban anulando los papeles del divorcio, meses después la camarera queda embarazada, será niño, buscan nombres al azar y al final se deciden por Juan. No lo saben, ni lo sabrán nunca, pero Juan es mi nombre, el nombre de aquel cliente que sin querer cambió sus vidas.
Siii, ya sé que es mucho imaginar, pero todo es posible y que da vértigo pensar por un momento en el descomunal poder que esconde el efecto mariposa, y es que cualquier gesto tuyo y sin que tú lo sepas puede variar para siempre el curso de otras vidas, y éstas el de otras y así sucesivamente en un orden exponencial de dimensiones cósmicas, lo que intento decirte es que tú eres esencial en esta vida, y que aunque tú no lo sepas, formas parte de un engranaje perfecto,, así que ánimo, porque el futuro del mundo entero depende de un pequeño gesto tuyo. 
No lo olvides.

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