lunes, 24 de junio de 2013

Aquí somos todos inocentes mientras no se demuestre lo contrario; hasta los mancos escupen piedras con la excusa de no tener manos que esconder,, y no, no me estoy justificando, o tal vez sí, bueno da igual, el caso es que anoche me apetecía ahogar un buen puñado de recuerdos al más puro estilo Sinatra, el cuerpo me pedía sólo beber, además de disfrazarme de loser para poder jugar al drama, había perdido esa costumbre, y mola, porque en ese preciso instante, cuando das el primer sorbo, comienza a importarte todo una mierda, como si cae un obús justo encima tuyo, me refiero a reconciliarte contigo mismo, a desinfectar con alcohol las heridas del alma, a abrazar tú propio cráneo y encontrar al Dios que llevas dentro o como quieras llamarlo. Bebí a un ritmo de dos copas por cada cuarto de hora, al quinto o sexto cuarto, se me acercó una mujer fea de la hostia, me arrancó el vaso de la mano y me dijo: -¿En que piensas? -En tú epitafio- contesté.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...