sábado, 22 de junio de 2013

Mujer, cincuenta y pocos, pantalón tejano, camisa blanca, y bolso a juego, sin embargo su reloj de pulsera no conjuga en absoluto con su aspecto, es un reloj antiguo y desgastado, como de otro tiempo, lo intuyo al fijarme en su esfera de un cristal tan rayado que apenas permite intuir la posición de las manillas, supongo que el reloj tal vez sea una herencia, ¿De su madre? sin duda para ella representa el recuerdo de alguien tan esencial que no le importa romper con ello la armonía de su aspecto, se le nota orgullosa de lucirlo como parte indisoluble de sí misma. Suena bonito eso de sentir por siempre en tú muñeca el mismo objeto inerte pero vivo que en su día sintió por siempre esa otra muñeca tan querida para tí, el mismo frío y el mismo calor del metal en el destiempo de dos pieles, el mismo tic tac, su misma frecuencia, darle cuerda con tus yemas que también fueron sus yemas aunque ya no existan, limpiarlo con mesura para evitar que el paso del tiempo lo corroa y desgaste la imagen sentimental de su anterior dueña.
Saber que hubo un tiempo compartido por las dos, acordar que quien antes se marche le regale su tiempo a quien se quede, saber que esa mujer leerá las mismas horas que leyó su madre, mimetismo generacional, dos vidas superpuestas pero en distintos planos.¡Y como no! no dejar nunca de darle cuerda, por si el olvido.

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