jueves, 27 de junio de 2013

He necesitado años y años de estudio para conocer el exacto mecanismo de tú piel, noches y noches en vela de ensayos a pie de campo mientras dormías; también devoré mil libros, subrayé mil fórmulas, memoricé y celebré cada descubrimiento con la obsesión de un científico loco (como aquella ocasión que grité ¡Eureka! en plena visita a la Catedral de Gerona, fue la primera vez que vi a un japonés con los ojos como platos). Gracias a los libros descubrí, por ejemplo, la composición celular de tú vientre, o por qué tus protones son los más suaves a este lado del Universo, o el poder gravitatorio de mis dedos orbitando en tú espalda, o esa misteriosa atracción de ciertas partes de mi cuerpo por los agujeros negros. Sólo después de descubrirte entera comencé a disfrutar de tú piel con el asombro de un androide, acariciarte era surcar la Vía Lactea, y tú ombligo el campo base, y detrás de cada beso, otra nueva galaxia más allá de Orión. Pero ahora, ya ves, los científicos del CERN acaban de descubrir una nueva partícula sub-atómica, más pequeña aún que los neutrones de tú piel, lo llaman BOSÓN de HIGGS, y además de su ínfimo tamaño, también determina el origen de la masa que hay en todo, tus nalgas incluidas, en fin, que eres más cosas aparte de electrones, neutrones y protones, desde ayer tú piel es mucho más compleja y divisible para mi.

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