sábado, 8 de junio de 2013

Cuando llueve ya sé que al día siguiente tendré que limpiar las ventanas de casa; borrar con esmero cada una de esas siluetas que dejan las gotas sobre el cristal. Porque las gotas, una vez secas, parecen cadáveres cuyo contorno haya sido marcado con tiza como prueba de algún crimen. Y si las gotas secas son cadáveres, ¿Se podría decir que el cielo es el mayor genocida que ha dado la historia sideral?
Volviendo a lo de antes, un cielo que ensucia para luego lavarnos con su misma materia prima podría equivaler, por ejemplo, a un Gobierno que gasta en Sanidad lo que gana en impuestos con el tabaco, o a una Conferencia Episcopal que comete pecados para luego automedicarse con sus propios rezos. En fin, una locura.

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