Nacemos sin miedo a nada, el miedo se aprende, pero también aprendemos a desaprender esos miedos que aprendimos, o al menos a maquillarlos para que nadie los note, nos pasamos media vida aprendiendo miedos y la otra media dedicada en cuerpo y alma a combatirlos.
En mi caso, sigo teniendo miedo al eco de tú voz cuando regresa vacío, y más miedo aun, al hombre en que me convierto cuando no tengo nada que decir.
Y no es cierto que el tiempo y la experiencia nos haga más fuertes, simplemente aprendemos a disimular mejor. Así de absurdos somos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario